Mujer Aries-Hombre Aries

 

Aunque la mujer Aries sea ferozmente independiente, espabilada e inteligente, el hombre Aries lo es aún más… a juicio de él. Y algún día exigirá que se lo reconozcan, por mucho que la haya engatusado a ella, y se haya engatusado a sí mismo, al principio. Desde la primera oportunidad en que ella se le adelante al pasar por una puerta, él experimentará el vago deseo de enseñarle que, en cualquier enfrentamiento entre una chica Carnero y un muchacho Carnero, el hombre del signo solar saldrá victorioso. Él deberá decidirse a subyugarla de esta manera al comenzar el juego, o lo mejor será que se despida. Tal vez se produzcan algunas escaramuzas bulliciosas, lacrimosas, antes de que ella lo entienda, pero después florecerá maravillosamente cuando le permitan convertirse en mujer. Pero deben permitírselo, y no obligarla a ello. Sin embargo, la forma ideal de desarrollar la feminidad de ella y de afirmar la masculinidad de él no consiste en exigirle a la mujer que renuncie a su carrera o su empleo para dedicarse a satisfacer los caprichos del hombre durante las veinticuatro horas del día. Hay otros sistemas. A menos que la mujer sacrifique voluntariamente la ocupación que tenía antes de que se unieran, para calentarle las pantuflas o ayudarlo a alcanzar sus metas personales, olvidando las de ella (cosa que a veces ocurre), lo mejor será que él la deje permanecer fuera del hogar, en contacto con el mundo activo. También procederán sagazmente si deciden de común acuerdo pagar el alquiler o la hipoteca, la comida y las facturas de servicios, con el sueldo de él. El dinero de ella podrá suministrarles los elementos extras que necesitarán para satisfacer sus frecuentes impulsos extravagantes.

Así, el chico Aries estará sólidamente posicionado en la imagen que corresponde al lado masculino del equipo, cosa que es importante dejar en claro desde el primer momento. Lo que quiero decir es que deberá quedar nítidamente estipulado que él es el HOMBRE y ella es la MUJER. Ya habrá muchas oportunidades para preguntarse cómo se distribuye el control real de la situación, y sería absurdo complicar el problema con una confusión de los roles sexuales masculino y femenino. La amenaza de la mujer de Marte a la masculinidad empieza el día en que ella acierta por primera vez en el corazón del Carnero con el flechazo de sus esperanzas y emociones centelleantes, tan parecidas a las de él, y después lo seguirá a lo largo de todo tipo de formas de convivencia, incluida la separación geográfica temporal. Es posible que ella intente dominarlo por teléfono, correo o celular, si no lo tiene al alcance de la mano. Como el hombre Aries sabe que nadie ha podido dominarlo desde el día en que nació, es posible que cuando vislumbre el primer desafío de una chica Aries experimente deseos de romper la relación, pero lo más sensato será que reprima su fastidio y que opte por tratar de domarla. Toda mujer Aries alimenta un deseo profundo, oculto, de ser protegida y defendida por su hombre. En sus ensueños secretos siempre es la bella y dulce, y él es el bondadoso, tierno y fuerte y ojalá lo sea si no quiere que su dama se convierta en una frustrada Virginia Woolf, resultado que es muy posible e indeseable que se produzca cuando el hombre cede demasiado para complacerla, o presiona demasiado para asumir el control.

Es probable que lo primero no ocurra a menudo, porque generalmente el Carnero típico no acostumbra a ceder. En cambio sí es probable que presione exageradamente. Pero él debe entender que el deseo de ser conquistada que alimenta su doncella es puramente romántico y sexual. Tiene poco o nada que ver con la personalidad o con otras áreas de su vida. El macho de Marte que la tiene estática y emocionalmente satisfecha durante un paseo por la playa, o en la intimidad de la alcoba, no será bien recibido, normalmente, en el ámbito de actividades ajenas al romance. Ella traza una nítida línea divisoria entre la sumisión romántica y las otras formas de sumisión, y será mejor que él lo entienda así si desea conservarla. Cometerá una imprudencia si pretende que su dama se ciña al toque de queda que él le impone, o que obedezca sus órdenes, y será francamente peligroso que la desaire. Es posible que él cometa todos estos errores hasta que aprenda que ella no dejará que la tengan a raya ni se someterá a un trato despótico, porque ha salido del mismo molde que él… un molde que, por supuesto, destruyeron después de forjar el signo solar Aries. Así es como los Carneros creen que nació el viejo adagio: «Te hicieron a ti y después tiraron el molde». Nada más cierto. (En realidad, el adagio se refiere al antiguo molde del alfarero, pero se adapta muy bien a la situación de los Aries.)

Lo primero que la chica Aries notará en su versión masculina es que se trata de un individuo aún más autoritario, beligerante y belicoso que ella. Obviamente… y también afortunadamente. Si la intrigan el Yin y el Yang de ello, una breve meditación sobre su cuento de hadas favorito tal vez la ayudará a vislumbrar la verdad. Esta mujer nunca podía contener el llanto, en su infancia, cuando leía la historia del Príncipe que se internaba valerosamente en el bosque para buscar a su Princesa y despertarla de su letargo solitario con el beso del Auténtico Amor. (Las mujeres Aries se ablandan y derriten invariablemente por dentro con sólo pensar en el auténtico amor, porque su idealismo en cuestiones del corazón es tan eterno como la primavera misma.) Pero realmente, querida muchacha Aries, cuando eres sincera contigo misma, ¿todo te habría parecido tan mágico si la fogosa e intrépida Princesa se hubiera internado valerosamente en el bosque, a caballo, para reivindicar a su Príncipe y rescatarlo de la bruja perversa? La misma meditación se debe repetir respecto de todos los otros cuentos de hadas en los que aún cree y con los que sueña más o menos cada quincena. Imaginen a la melindrosa Cenicienta que, congestionada y transpirada, trata de calzar el pie de su Príncipe en un mocasín de cristal, para comprobar si encaja bien. La Madre Naturaleza sabe lo que hace. La relación entre un hombre y una mujer Aries tendrá más probabilidades de éxito si ella permite que él le arrebate el trueno de Marte.

Quién sabe por qué éste suena mejor cuando parte de él… siempre que no se exceda. Además, como ella tampoco es una recién llegada al mundo de inexorabilidad, sabe muy bien, si se detiene a recapacitar, que la implacable fachada que luce el chico Aries sólo sirve para encubrir su trémulo idealismo ariano, su desesperado anhelo interior de sentir que lo necesitan… y que se fijan en él. Muy bien, así que ella debe fijarse en él cuando aparece montado en su corcel blanco, ostentando su autoritarismo ariano para ocultar el secreto temor de que nadie lo ame jamás tanto como él sabe que necesita ser amado (y esta necesidad es considerable)… a menos que él lo pida. Este hombre puede ser muy tierno y dulce, a pesar de su temeraria independencia, y es un experto en simular que está ileso cuando en verdad lo han herido profundamente. Ella sabe de qué se trata. Como ambos conocen todos estos secretos de Marte que les son comunes, cualquiera pensaría que podrían mitigar sus estallidos, pero generalmente hace falta más de una lección dolorosa para enseñarles la futilidad de los desafíos constantes al ego. A menudo, la lección definitiva consiste en la alarmante experiencia que viven cuando están a punto de perderse el uno al otro, para entonces descubrir a último momento, antes del desastre final —como en las viejas películas mudas— que nunca sirve enfrentar la fuerza con la fuerza. Si ella lanza todas sus ofensivas de Marte contra los enemigos de su hombre, y no contra éste, él la adorará por ello, y se lo retribuirá con un comportamiento tan leal como el de ella. Ciertamente éste es un trueque justo. Pero alguien tiene que comenzarlo.

Al principio podría parecer que estos dos seres son muy compatibles en el aspecto sexual, porque ambos piden lo mismo del amor: que éste sea la fusión físico-emocional que los poetas describen como el paradigma de la teoría de los compañeros del alma, que casi todos los arianos aceptan como un dogma romántico inapelable. Usen o no la expresión «compañeros del alma», los Carneros nunca dudan, cuando aman, que su unión no sólo ha sido concertada en el cielo, sino que además ha sido programada para toda la vida… y más allá de ésta. Sin embargo, antes de que se materialice esta cúspide potencial de armonía, deben vencer un obstáculo serio: el egoísmo instintivo, aunque casi siempre involuntario, de este signo solar. Ahora bien, todo lo que todos desean saber acerca del sexo (hayan tenido o no miedo de preguntarlo) descansa sobre el egoísmo deliberado o involuntario, sobre el uso de la pareja para la propia satisfacción. No se trata de cómo puedo suministrarle a él (o a ella) mayor placer, sino de cómo puedo extraer yo más placer. Sexo-sexo-sexo. Los doctores David Reuben, Masters y Johnson, Kinsey y Freud, lo han explicado, verificado, investigado, analizado, observado, fotografiado, grabado y escuchado, y han escrito respecto de él. Pero la mayoría de los hombres y mujeres aún no han recibido el mensaje. Sería una buena idea que estos amantes arianos compren uno de esos grandes posters donde se ve a una pareja que marcha dichosamente cogida de la mano, rumbo a las montañas, el océano o los maizales, mirándose a los ojos… con esta inscripción al pie: EL AMOR COMIENZA CUANDO LAS NECESIDADES DE OTRO SER ASUMEN MÁS IMPORTANCIA QUE LAS TUYAS PROPIAS… y que lo claven sólidamente junto a la cama, al lado del tapiz que muestra LA BODA DE ROMEO Y JULIETA, el cual siempre cuelga espiritualmente, si no materialmente, en la alcoba de todo Aries. Romeo y Julieta también eran compañeros del alma… pero ellos no eran egoístas. No es necesario que el hombre y la mujer Aries concluyan su luna de miel con un doble suicidio para demostrar abnegación. Bastará con que ambos den unas pequeñas muestras de consideración.

Cuando la ternura ha borrado tales rastros de egoísmo infantil, la forma en que estos dos seres comparten sexualmente el amor puede convertirse en un intercambio extático. Para Aries, el sexo se compone de extrañas contradicciones, apenas comprendidas, en razón de las cuales su conjunción puede trocarse en una increíble combinación de deseo explosivo, directo y penetrante, fogoso e incontrolado… con fragmentos obsesivos de flores bajo la lluvia, brisas frescas y refulgentes rayos. He aquí lo que sucede cuando la poderosa embestida de Marte se aplaca al expresarse a través de la ingenuidad y el maravillado asombro del recién nacido simbólico de Aries. Esto crea una rara y sorprendente fusión entre las emociones desenfrenadas, tempestuosas… y la serenidad de un amanecer plácido y silencioso. Al mismo tiempo primitivo… y poético. La alquimia entre partes iguales de pasión voraz y frágil inocencia es casi sacrosanta. Obviamente, pues, en el mejor de los casos, la unión sexual entre dos Carneros puede ser una experiencia inolvidable. Incluso en el peor de los casos será… interesante… ¿Qué hará ella si él flirtea con otras chicas? Bueno, ¿qué haría él si ella flirteara con otros hombres? Lo mismo. Desencadenaría un estallido emocional tan tremendo como el de la bomba de hidrógeno… y tan insensato y suicida para el amor como la auténtica bomba de hidrógeno lo es para nuestro planeta. Cada Carnero le hará saber inequívocamente al otro que no tolerará que le pongan barrotes de hierro a su libertad individual. Pero se trata de una libertad unilateral, porque cada uno de ellos se niega a dejarse estrangular por los celos, al mismo tiempo que es vehementemente celoso respecto del otro. Los Aries tienden a ambicionar este mundo y el otro, y se necesitan varias escenas ruidosas y emocionales para enseñarles que no es posible tenerlo todo. Deberán aprender que el amor no es un juego en el que se gana, una batalla que se entabla, ni un trofeo que se conquista. Es un don… que se ofrece. Los Carneros le exigirán muchas cosas a la vida, y las conseguirán. Pero nadie, ni siquiera un Aries, puede exigir amor.

El hombre dejará en claro que ella no deberá tener la audacia de celarlo a él, pero será mejor que ella ni siquiera mire a otro hombre. La mujer dejará igualmente en claro que él no deberá sofocarla a ella con sus celos, pero al mismo tiempo será mejor que a él no lo sorprendan mirando a otra mujer con el menor atisbo de interés. ¿Sabe cómo se llama esto? Egoísmo. Si usted es Aries, tal vez no se le ha ocurrido interpretarlo así, pero piénselo bien. Los Carneros incluso pueden ponerse celosos si observan que la persona amada sonríe en sueños. ¿Con quién sueña él (o ella)? Y no crea que muchas parejas Aries no han formulado esta misma pregunta por la mañana. «Bueno, aparentemente anoche tuviste sueños muy agradables. ¿Tu cuerpo astral se estaba reuniendo con tu antiguo amigo?» Y no crea que la respuesta no ha sido: «Lo que sueño no es nada de tu incumbencia. Además, noté que cuando te di los buenos días con un beso, hace un momento, no estabas muy ansioso por despertarte. ¿Estabas practicando telepatía, semidespierto, con aquella chica con la que flirteaste la semana pasada en el supermercado?». El diálogo puede variar, pero estos enfrentamientos son muy posibles cuando dos Carneros han prometido amar, honrar y respetar… ¡pero nunca obedecer! La solución consiste en que estas dos personas practiquen su propia comunicación telepática y que se ratifiquen constantemente su devoción imperecedera, porque aunque parezca incongruente, lo que subyace en el fondo de los celos de Aries es el hecho de que el recién nacido simbólico teme inconscientemente perder el amor; en tanto lidia con el anhelo consciente de libertad personal, típico de Marte. Si él se olvida de advertir por teléfono que llegará tarde a cenar, ¿quién mejor que ella para entender esa necesidad de obedecer a un impulso súbito sin celebrar antes una reunión de trabajo?

Si los vientos de la primavera lo tientan a alejarse del hogar, es posible que ella se sienta simultáneamente convocada a seguir su propia cadencia de alondra, y cuando vuelvan el uno al otro podrán intercambiar historias mágicas de prodigios que casi tocaron, de milagros que casi captaron. El hombre Aries que anda por el mundo corriendo en pos de una nueva meta emocionante que acaba de descubrir no hace más que ser leal consigo mismo, y la mujer Aries que enfrenta la verdad debe admitir que no podría amar realmente a un hombre que no fuera leal consigo mismo. La nueva meta emocionante no tiene por qué ser necesariamente una mujer. No a menos que se convierta en una mujer por obra de los celos infundados. Si ella confía totalmente en él, es probable que no deba lamentarlo, porque el hombre Aries, más que el de cualquier otro signo solar, casi siempre hace exactamente lo que se espera de él. Y esto también se aplica a la inversa. Entre dos amantes, lo que vale para él también vale para ella.

En una carta de una Aries que se casó con un Aries, la mujer describe tan bien la felicidad que puede generar (con algún esfuerzo) una doble vibración de signos solares 1-1, he aquí un fragmento: «…y cuando le leí en voz alta a mi marido, que también es Aries, el último párrafo de la sección que le dedica a la mujer Aries en su libro Sun Signs (Los signos del Zodiaco y su carácter), allí donde dice: “Bien que pueda ser un poco impulsiva, autoritaria e independiente… pero es que no se puede tener todo, ¿no?”, él me preguntó: “¿Qué más podría desear un hombre?”. Mi pareja Aries me comprende, y siempre podrá retenerme, a pesar de que a veces lo amenazo con abandonarlo cuando nuestros cuernos de Carneros se entrechocan. Ello se debe a que, como dice su libro, cuando “corro a sus brazos con lágrimas en los ojos, huyendo de un mundo oscuro y desalentador”, él me estruja con fuerza, y me consuela, y nunca, nunca diría: “¿Qué has hecho tú para merecerlo?”, como ese condenado Libra acerca del cual usted escribió en su libro. Nunca había comprendido antes cuán importante es esto para mí». Así que, ya ven, la relación Aries-Aries puede prosperar. Y no es necesario que los dos sacrifiquen su coraje, su iniciativa o su independencia marciana.

Debes amarte a ti misma (para lo cual son indispensables la honestidad y el humor) antes de que otro te pueda amar. Si el hombre Aries y la mujer Aries aplican por igual la regla áurea y cada cual trata a su pareja como le gustaría que ésta lo tratara a su vez, siempre que sus aspectos recíprocos Sol-Luna no sean discordantes, su relación les suministrará la recompensa de la madurez emocional, más el mejor de todos los dones: la libertad de ser completamente auténticos el uno respecto del otro, sin temor al rechazo. Quizá cuando peleen él se deje arrastrar por la vehemencia y la amenace con dejarla, pero es poco probable que lo haga. Por lo menos definitivamente. Una vez que ha amado a una Aries, todas las otras mujeres le parecerán sosas. (Reposadas, quizá, por comparación, pero aburridas.) Ella siente lo mismo respecto de él cuando amenaza con dejarlo y no lo dice en serio. Pero ella debe tratar de recordar que él es capaz de hachar leña, de dinamitar montañas de granito para abrirse paso, de pilotar aviones, de construir casas, de gobernar una ciudad o un estado o una nación, de cambiar cauchos, de practicar la medicina o el derecho, de producir y dirigir películas, de manejar un tractor y un quitanieves… por lo menos tan bien como ella. Quizá ya no sea cierto que el lugar de la mujer esté en el hogar. Pero será eternamente cierto que el lugar de la mujer está en el corazón de su hombre.

Adaptación de Linda Goodman

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